He caminado por las calles de mi Castellón querido y estaban tristes, las personas caminaban sin parar, había un silencio inusual. Es que los bares, tabernas y restaurantes estaban cerrados.

La hostelería está arraigada a nuestra cultura: desayunamos, comemos, nos reunimos en estas casas de todos y sin ellas estamos tristes. No, no buscaremos culpables porque sinceramente pienso que no los hay,  pero sí pensaremos en soluciones y algo también depende de nosotros para volver a  la normalidad más pronto que tarde. Y si alguien tiene potestad para ayudar que lo haga.

Lo necesitamos.

Nací entre fogones y no sé vivir sin ellos. Por favor, que me devuelvan lo mío.

Lo necesito.